Portada > Alumnos PENTA UC > Mundo Talento

Mundo Talento

El “CTRL+Z” de la vida

Por Marcelo Mobarec Hasbún, noviembre de 2009.

Yo pensaba que el “corrector ortográfico” era la gran herramienta de Microsoft Word. Simple. La más mínima falta de ortografía o gramática aparece destacada en color y, con un “clic”,… ¡Problema resuelto!

Hace unos días, trabajando en un informe después de varias horas frente al computador, cometí un error que borró gran parte de lo que había escrito hasta el momento. Angustiado, pedí ayuda a uno de mis compañeros de trabajo que se manejaba mejor que yo en asuntos tecnológicos. Grande sería mi sorpresa cuando le vi apretar simultáneamente las teclas “Ctrl.+Z” y volvió a aparecer frente a mis ojos las páginas que había perdido. “Simple” –me dijo- “basta con deshacer la última acción realizada y todo vuelve a como estaba antes”.

Mi primera reacción fue decirme en silencio: “Ojalá en la vida tuviéramos una tecla como esa”

Con el paso de los días le he dado algunas vueltas a lo que pasó. Ciertamente recuerdo algunas situaciones de mi historia en las que me habría gustado deshacer la última acción y que todo volviera a ser como antes. Sin embargo, ¡qué difícil sería entender mi propia historia sin todas y cada una de las situaciones que he vivido!

La vida tiene mucho de camino: ya recorrido, recorriéndolo y por recorrer; tiene mucho de razón y de afectos, de certezas e incertidumbres; mucho de aciertos y errores; de personas a las que recordamos con cariño y de otras que nos hicieron daño; pero, por sobretodo, tiene mucho de irnos construyendo. Cada experiencia, cada situación, cada persona, todas, sin excepción, tienen algo que decir a la hora de responder “¿Quién soy?”.

Hacer “Ctrl.+Z” en la vida sería desconocer nuestra historia, no dar espacio en la memoria a las cientos de personas que nos han ido ayudando a ser quienes somos; sería no comprender el significado más profundo del verdadero aprendizaje; y, lo que es peor aún, sería olvidar que somos seres en construcción, llamados a hacernos responsables de cada una de nuestras acciones.

Finalmente, llegué a una conclusión: “Ojalá en la vida NUNCA tuviéramos una tecla como esa”